LAFON 60E AUDICION PRIMARIA (camino al lenguaje) parte 20

Como
lo escribe el Profesor J.C. LAFON:

« La
fecha de aparición de la surdida es fundamental para el futuro del
niño

Lo
que es adquirido en el momento de la surdida deja como huella la
organización
neurosensorial
 inducida
por la excitación acústica, así como algunos
mecanismos psicofisiológicos
 en
la medida donde otras vías sensoriales permiten la continuidad de su
actividad. Así la noción de profundidad del espacio donde el rasgo
acústico es importante en la edad de un año, es soportado por la
visión de la perspectiva en un condicionamiento remanente: la vista
recuerda los signos auditivos y los reemplaza. A lo contrario lo que
es a dominante
auditivo
 de
manera fundamental como el habla articulado apoyado por el lenguaje
verbal es mucho más frágil.

Antes
del nacimiento
 es
muy difícil conocer la incidencia de la fecha de la sordera por lo
difícil que es determinarla fuera de la rubeola o de una enfermedad
evidente. Habitualmente las que intervienen durante enfermedades del
feto son tal vez menos profundas que las de los primeros meses. La
inducción sobre la estructura de sistema nervioso es probablemente
menos importante. En cuanto a un logro memorial, es una imprecisión
poética atractiva de la relación madre-feto donde cada uno proyecta
su afectividad. No creo que tenga gran importancia en su especificad,
tan la memoria que soportaría esta relación es lábil. Se
trata mucho más de una elaboración del sistema auditivo que de una
psicología relacional específica

En
el nacimiento
la
sordera se produce en un sistema del cual los reflejos
innatos
han
sido ampliamente funcionales aunque sus efectos específicos no
tuvieron lugar, como es el caso de reflejos elementares. Es así para
los reflejos auditivos construidos pero sin su finalidad. Fuera de
diferencias autonómicas conocidas estadísticamente, la disminución
del perímetro craniano, no se encuentran muchas disparidades en el
nivel educativo tanto otros
factores influyen sobre el desarrollo de la personalidad
,
permitiendo a niños con menos posibilidades de ocuparlas mejor.

En
la primera edad
,
antes de un año, nos encontramos frente a los logros
psicofisiológicos: relación
afectiva lactante más completa, mejor conocimiento del entorno,
control de la voz y de las melodías

Todo esto con la condición que los padres sepan hacer perdurar estos
logros, lábiles, lo más tiempo posible utilizando las otras vías
sensoriales.

A
partir de un año
,
aunque todas las adquisiciones de habla y de lenguaje verbal se
borran, tantas informaciones y funciones están memorizados que
siempre queda algo, no siempre en el inmediato de las realizaciones
más bien en un pronóstico a largo plazo. La puesta de aparato
auditivo es eficiente sobre un sistema construido, las posibilidades
de simbolización son mejores. Se constata además que los sordos
profundos 2do y 3er grupo que van más allá de la escolaridad del
bachillerato son con frecuencia sorderas adquiridas de la primera
edad, al igual que sorderas profundas del 1er grupo o sorderas
severas congeniales.

A
la edad de 3 años
,
una sordera y sus consecuencias educativas son de otra importancia.
Si hay logros perfectamente construidos que se vuelven ciertamente
menos utilizados, que se borran por parte en sus aspectos los más
finos, en cambio la
repercusión afectiva y social, la sensación de una pérdida de la
personalidad, el aislamiento relacional y afectivo
 son
esenciales en las dificultades encontradas por el niño. Seguramente
la
puesta de aparato auditivo
 muchas
veces casi inmediata (debería serlo imperativamente) compensa un
poco estas dificultades. Pero el sentimiento de frustración injusto
sigue muy vivo y pide una asistencia afectiva bien desarrollada, sin
sobreprotección ni ruptura, hasta en los detalles de la vida
cotidiana. Hemos
visto en una sordera urliana bilateral profunda, el niño volverse
insomne tanto el hecho de cerrar los ojos le cortaba totalmente del
mundo, especialmente de sus padres. Este sentimiento de abandono
total se demoró meses a superar. Algunos años más tarde el
habla se
deterioró considerablemente, el
 lenguaje ha
retrocedido, mucho más si la sordera ha sido más precoz y que la
asistencia ortofónica no fue inmediata
.

A
partir de 5 años,

el problema específico es el
aprendizaje de la lectura
.
Hay que establecer los más pronto posible sobre signos escritos lo
que hasta ahora es solo oral para conservarle rasgos pertinentes
complementares a la fijación memorial. A esta edad el lenguaje es
suficientemente desarrollado para que el efecto de la sordera no
cuestione el nivel de simbolismo y de abstracción alcanzado por el
niño. El habla pide a lo contrario una vigilancia ortofónico
precisa, los automatismos, aunque bien establecidos, solo tienen la
audición para ser controlados.

Después
de 8 años
,
estamos casi delante de una sordera adquirida del adulto siempre que
la asistencia educativa permite sin demasiados problemas el
mantenimiento en un curso escolar normal en su desarrollo y
naturalmente el mantenimiento en el ambiente social y afectivo
anterior. » (1).

JYM

(1)
Pr. J.C. LAFON « los niños deficientes auditivos »
páginas 106 – 107.

Jean-Yves MICHEL

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